¿De qué hablamos cuando decimos asma?

¿De qué hablamos cuando decimos asma?

¿Conocemos en nuestro entorno personas asmáticas? ¿Sabríamos enumerar los síntomas que definen el asma más allá de que se trata de un trastorno respiratorio? ¿Puede desarrollarla cualquier persona?

En este artículo les acercaremos con un lenguaje coloquial una dolencia más común de lo que a simple vista pudiéramos imaginarnos.

A grosso modo el asma constituye un trastorno que se caracteriza por la dificultad para respirarsibilancia y falta de aire. Los expertos en la materia no saben definir con seguridad cuál es la causa del asma, si bien creen que es una combinación de factores genéticos y medioambientales.

Y sí, cualquier persona puede padecer o desarrollar asma a lo largo de su vida. Reconocer los síntomas y tratarlos con un tratamiento adecuado se convierten en imprescindibles. El asma es el segundo motivo de consulta alergológica.

«El asma es un trastorno caracterizado por la dificultad para respirar, sibilancia y falta de aire. Los expertos en la materia creen que se trata de una combinación de factores genéticos y medioambientales.»

Lo primero que debemos hacer ante esta situación es reconocer los síntomas comunes, que son los siguientes:

-Prestar atención a la tos y a la sibilancia: Por un lado, si toses con frecuencia aunque no estés resfriado debes de observarlo. En las personas asmáticas es habitual que ocurra por la noche –interfiriendo en el sueño- y a primera hora de la mañana. Por otra parte, ese sonido rechinante que suele ocurrir cuando respiras es característico del asma.

-Comprobar si hay signos de infección respiratoria: Síntomas en las vías respiratorias superiores con frecuencia como estornudos, goteo o congestión nasal, dolor de garganta o cabeza y problemas para dormir.

-Evalúa tus niveles de energía en general: El asma puede reducir tus niveles de energía en general. Podrías sentirte cansado, enfadado o malhumorado a lo largo del día.

-Reconoce un ataque de asma: Por sí solo o en respuesta a un alérgeno o un contaminante del aire puede aparecer un brote, que en líneas generales se manifiesta mediante falta de aire, opresión en el pecho y tos y sibilancia.

Sin embargo, pese a que los síntomas generalmente son perceptibles, hay que recordar que no siempre son constantes ni son los mismos para todos.

Hay personas asmáticas que pasan por periodos sin ningún síntoma o que solo los presentan en respuesta a desencadenantes como los alérgenos o el ejercicio. Por lo tanto, es un profesional al que le corresponde evaluarlos.

«Hay que evaluar los factores de riesgo que pueden aumentar las probabilidades de desarrollar asma: sobrepeso, alergias, ser fumador, trabajar en contacto con productos químicos, contar con un pariente consanguíneo que lo padezca…»

Síntomas sí, pero… ¿en qué momentos?

Debes observar si los desencadenantes comunes del asma son previos a tus síntomas y hacerte una serie de preguntas. ¿Cuándo padeces esos síntomas? ¿Son responsables los factores medioambientales específicos? ¿Un esfuerzo físico o contaminantes del aire provocan los síntomas antes descritos?

Es imprescindible prestar atención a cómo reacciona tu cuerpo a los contaminantes del aire. Los alérgenos comunes, como el polen, podrían provocar ataques de asma.

También podrías presentar ataques de asma en respuesta a cosas como el pelaje de los animales, el moho y el polvo, el humo del cigarro, el perfume o la laca para el cabello, entre otras.

Asimismo, es necesario prestar atención a las sensaciones que se perciben tras practicar ejercicio. Estos signos podrían empeorar con el aire frío y seco.

Si te quedas sin aire con cierta facilidad, toses o estornudas justo después del ejercicio hay que consultarlo con el especialista.

Por último, hay que evaluar también los factores de riesgo que pueden aumentar las probabilidades de desarrollar asma, como son: tener sobrepeso, alergias, ser fumador, trabajar en contacto con productos químicos, contar con un pariente consanguíneo que lo padece, por ejemplo.