Contaminación y enfermedades

Contaminación y enfermedades

Soy médico de familia y médico del deporte, y tanto en un ámbito como en otro, me enfrento a diario a patología respiratoria y cardiovascular diversa. Cuando hablamos de enfermedades respiratorias, como asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica -bronquitis crónica- parece que tenemos clara su relación con la contaminación del aire. En definitiva, hay una relación entre la contaminación y las enfermedades.

En cuanto a las enfermedades cardiovasculares sabemos que hipertensión, diabetes, obesidad, dislipemias o tabaquismo son factores de riesgo íntimamente relacionados; pero, en los últimos años, tras varios estudios epidemiológicos y experimentales, se ha podido determinar la polución atmosférica como importante factor de riesgo.

Numerosos estudios han investigado el efecto a corto plazo -el producido el mismo día o los días siguientes al aumento de la contaminación- y concluyen que, por cada incremento diario en 10 microgramos/m3 -1 microgramo es la millonésima parte de un gramo- en la concentración de partículas suspendidas de tamaño inferior a 10 micras -es decir, partículas respirables-, el número de personas que fallecen durante los días inmediatamente posteriores aumenta aproximadamente un 0,7%.

«Por cada incremento diario en 10 microgramos/m3 en la concentración de partículas suspendidas de tamaño inferior a 10 micras, el número de personas fallecidas durante los días posteriores aumenta sobre un 0,7%.»

Los contaminantes del aire son una mezcla de gases -como ozono, monóxido de carbono, dióxido de nitrógeno, dióxido de azufre…- y partículas en suspensión; éstas últimas están formadas por materia sólida y/o líquida y su tamaño varía desde unos pocos nanómetros -para hacernos una idea, un nanómetro es la millonésima parte de un milímetro- a decenas de micras. Estas partículas se clasifican según su tamaño:

– Partículas gruesas: 2,5 a 10 micras. Sobre todo materia mineral, como polvo re-suspendido del suelo.

– Partículas finas: inferiores a 2,5 micras. Mezcla de sustancias relacionadas con la combustión: metales pesados como cadmio, zinc, cobre, etc.

 Partículas ultrafinas: inferiores a 0,1 micras. Fundamentalmente hidrocarburos condensados y compuestos de azufre, siendo la principal fuente los automóviles.

Si hablamos de complicaciones cardiovasculares, dos de los contaminantes más ligados son el dióxido de nitrógeno y las partículas ultrafinas. Pero, ¿cómo pueden ser estos contaminantes del aire causa de problemas cardiacos y/o vasculares? Esto es debido a que tanto las partículas finas como las ultrafinas alcanzan los alveolos pulmonares -que constituyen el segmento terminal de las vías respiratorias-; a partir de aquí pasan al torrente sanguíneo y se depositan en paredes arteriales y en el miocardio -el músculo cardíaco-, pudiendo causar problemas extrapulmonares, no sólo en sujetos enfermos, sino también en sanos, en los que pueden causar un aumento de la frecuencia cardiaca.

Diversos estudios epidemiológicos han demostrado que, tanto los sujetos con enfermedad pulmonar crónica como pacientes con insuficiencia cardíaca tienen un mayor riesgo de muerte en relación con los aumentos moderados de los contaminantes atmosféricos.

Por tanto, parece evidente que son necesarias medidas destinadas a disminuir la concentración de estos contaminantes.

Escrito por: Aida Maestro, nº colegiada 333310496